La oración y la meditación son prioridades en mi día. Un momento de gratitud antes de levantarme es como una semilla de paz sembrada temprano. Aprovecho la oportunidad de orar dondequiera que esté y en cualquier momento. Al esperar en fila o ir de un compromiso a otro, enfoco mi atención en mi respiración. Cada aliento profundo sosiega mis pensamientos tensos. Puede que susurre una frase como “paz, aquiétate”. Restaurado y renovado, continúo con mi día en paz.
Texto devocional:
Muy de mañana, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó y se fue a un lugar apartado para orar.—Marcos 1:35