Bien sea hijo, padre o madre, cónyuge o amigo, cada uno tiene su camino que seguir, y confío en Dios para que los guíe en el sendero que han de tomar. Asido a mi fe en Dios, dejo ir la necesidad de estar en control. Confío en que Dios les muestra —y me muestra a mí— una visión mucho mayor a la que yo pudiera imaginar. Al dejar ir y dejar a Dios actuar, permito que mis seres queridos alcancen su potencial.
Texto devocional:
¡Soy como un verde olivo en la casa de Dios, y en su misericordia confío ahora y siempre!—Salmo 52:8