Considero los logros que he alcanzado. Bien sea que haya obtenido éxito académico, personal o profesional, celebro mi habilidad para persistir. Con cada objetivo alcanzado, obtuve una mayor comprensión acerca de mí mismo. Al reflexionar en todo lo que he logrado, aprecio mi crecimiento mental y espiritual, ¡y estoy listo para nuevas alturas!
Texto devocional:
No seamos perezosos; sirvamos al Señor con espíritu ferviente.—Romanos 12:11